Ludopía

Por Natalia

Mi hijo en la ludoteca
Mi hijo en la ludoteca

Por Natalia Carrizosa
Todos los viernes voy con mi hijo menor a la ludoteca del centro de Ginebra. Se abre la puerta y antes de que termine de colgar mi chaqueta y la cartera, él ha desaparecido entre los juguetes. Es un espacio pequeño y acogedor, situado en un salón de una vieja escuela con ventanas de cuadros enormes que dan al patio de recreo.

Queda al lado del centro histórico de la ciudad, al pie de las murallas que Calvino y sus seguidores usaron para resistir los ataques que los monarcas católicos fraguaban contra la república protestante. Pero de las murallas no queda mucho y a pesar de que sigue existiendo el chauvinismo bajo la forma de la ultraderecha ginebrina que quiere sacar a los franceses y árabes de Suiza, la ludoteca es un templo de tolerancia y de las mejores cualidades a la que una sociedad puede aspirar. Mi hijo juega toda la mañana con otros niños y al irnos nos llevamos un juguete diferente para él, otro para su hermana y otro para su papá y yo, que somos fanáticos de juegos de mesa.

Pero hacia donde corre mi hijo, y la atracción que yo también más ansío descubrir es el rincón de juego simbólico, que cambia cada semana. Moriría por tener el trabajo de inventarlo y armarlo. El espacio está compuesto por una casa modulable de dos pisos con cocina y un exterior que se transforma entre otros en:

  • Un taller con mesa de diseño, cascos, herramientas y metros; Un mundo ártico con igloo, osos polares y pingüinos de peluche de tamano real;
  • Un hospital con batas, botiquines, mesa de examen, cuartos para los enfermos y ambulancia; Una tienda con caja registradora, stand de frutas, verduras, canastos, billetera, billetes y monedas;
  • Un salón de té o restaurante con mesitas de mantel a cuadros, delantales, gorros de chef y libretas de mesero y toda la vajilla y comida imaginable;
  • Una granja con tienda de sus productos (huevos, tomates, quesos…), balanza, podadoras de cesped, triciclos en forma de tractor y caballos de peluche que trotan y relinchan al saltarles encima.

Además de este rincón existe un espacio acolchado con los juegos para bebés y un espacio con mesas y cientos de juegos de mesa para organizar partidas en familia o con extraños.

Cómo funciona

Quienes atienden son ludotecarios profesionales que van a encuentros y festivales de juego, como Cannes. Cumplen una función parecida a la de los bibliotecarios como clasificar, guardar, registrar los préstamos, y devoluciones y hacer recomendaciones. Pero también se sientan a jugar y explican al que desee las reglas de los juegos. Las familias pueden abonarse a la ludoteca todo un año por 40 euros y sacar juegos para todos sus miembros. También se puede ir a jugar un sólo dia. Todo lo prestan. hasta las pilas de los juegos, las consolas de juegos de video y los juegos de exterior.

Las 12 ludotecas de la ciudad también tienen dos ludobuses que llevan juegos a los parques de diferentes barrios durante el verano y se asocian a festivales y eventos familiares como la fête des écoles de Geneve. Son la solucion si uno no tiene el dinero o el deseo de llenarse de juguetes. Es un modelo menos consumista y polucionador, que fomenta el intercambio y las relaciones sociales amistosas.

Ginebra es una ciudad increíblemente cosmopolita y la ludoteca es reflejo de ello. Los niños juegan en idiomas diferentes y tienen todos los colores de piel posibles. Entre los adultos que son habituales hay mamás veladas charlando con nanas filipinas, y esposos y esposas de funcionarios internacionales del mundo entero. Curiosamente, el español es el idioma que más se habla y la nacionalidad colombiana es la mas común.

En la ludoteca conocí a una empleada del servicio caleña que trae al niño de la familia para la que trabaja a jugar. Tomamos el café juntas en el segundo piso. Café por el que uno es libre de dejar una contribución en una alcancía, pero a nadie se le ocurre no hacerlo. Y juntas limpiamos la kichinette despues de terminar de charlar. Lo mismo hace todo el mundo. Lo que prueba que los colombianos no somos avivatos abusivos por naturaleza, sino que podemos comportarnos como el mas cívico y educado de los suizos en el ambiente y espacio adecuado.

Nada funcionaría si no hubiera confianza, un principio de autoridad interiorizado en los ciudadanos que hace que a nadie se le ocurra aprovecharse de tanta generosidad para robarse los juguetes, por ejemplo.

Espacio público para la infancia

A mediados del siglo XX Suecia fue el primer país Europeo en tener ludotecas (Lekotek) públicas abiertas a toda la población. La idea se expandió en pocos años al resto de Europa. El modelo de Estado Bienestar, que posibilita espacios públicos para la infancia como estos, fue una apuesta que podía parecer loca despues de la segunda Guerra Mundial, cuando Europa estaba quebrada y destruida. Su éxito (con todos los efectos negativos que les son propios) implican que estas apuestas políticas revolucionarias son posibles incluso si no hay muchos recursos.

Soy consiente de que existe otro modelo de desarrollo mas individualista defendido por la derecha en Estados Unidos donde estos espacios públicos que necesitan de inversiones estatales importantes y se pagan con contribuciones de todos los ciudadanos y no solo de los padres que desean tener este servicio, son mal vistos. El “paternalismo a la europea”, es una de las clásicas formulas de los Republicanos y otros partidos de derecha para criticarlos.

Este otro modelo también atrae a muchas personas en Colombia y Latinoamérica que consideran que lo más justo es que cada quien pague por lo que valora un precio regido por las leyes del mercado. Afortunadamente para los niños colombianos, siento que la conciencia de la importancia del espacios públicos ha calado incluso entre la derecha y confío en que se continue por esta via. En Colombia existe una red de bibliotecas envidiable, Y las ludotecas no son un concepto extraño. A mi modo de ver solo falta reparar las fracturas sociales, el clasismo (“no digas cabello, di pelo, mi amor” ), la desconfianza y el miedo que hacen que a pesar de sentirse progresistas, padres de clase media y alta aún no se sienten cómodos con los espacios publicos para la niñez existentes.

Pero al comparar a mis amigos con la generación de nuestros padres siento que montar un salón de juegos en un cuarto extra del apartamento y llenarse de juguetes que tarde o temprano terminan aburriendo, o pagar una cuota de un club social con guarderías que replican el funcionamiento de una ludoteca europea pero con variables controladas, como la exclusion de personas que no tienen como pagar, se está convirtiendo poco a poco en un ideal anticuado. Este modelo ya no hace soñar a la clase media en ascenso ni a los hijos de la vieja oligarquía en descenso. Las nuevas generaciones que han viajado al extranjero y usan palabras como “sostenible” sueñan en cambio con espacios como esta ludoteca, donde se sientan ricos y pobres, a tomar café de contribuciones voluntarias o a disputar una partida de Carcasonne mientras sus hijos juegan a la tienda juntos.

Una ludoteca pública puede superar en maravillas cualquier paraíso privado, por fantástico que sea. Fui de la generación que vio en los noticieros la expropiación por parte de la Dijín de La mansión de Rodriguez Gacha con su grifería de oro y papel higiénico italiano con impresiones de la Venus de Boticelli, o La hacienda Nápoles de Pablo Escobar con su zoológico privado. No me puedo jactar de jamás haber deseado poseer tantas riquezas. Y aún así, cada viernes la boca se me cae de asombro con la sorpresa que hay preparada para todo el que quiera entrar, en el rincón de juego simbólico de la ludoteca. No hay ningún otro lugar donde quisiera estar ni ninguna otra cosa que pueda desear.wpid-20150619_111034.jpg

Y los niños? Intenten decirle a un niño que está feliz jugando que hay algo más importante por hacer.

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