Malditas tareas escolares

Un mal libro que promete acabar con las peleas a la hora de hacer las tareas extraescolares me llevó a otro interesantísimo que me convenció de que lo que se necesita es acabar con esa práctica nefasta.
Por Natalia Carrizosa
Las odie de niña, las odio de mamá. Creo que es la peor manera  de pasar tiempo con mi hija y casi cualquier otro plan me parece más agradable y enriquecedor.  Y no solo estoy hablando de ir a la biblioteca a leer un clásico infantil, de jugar con otros niños en el parque, de practicar un deporte o de salir a montar en bicicleta.  Incluso ver Chica Vampiro y que discutamos si Daisy debería o no morder a su amado Max, me parece más formador y entrañable que estar peleando por ejercicios que podrían ser hechos en las varias horas de colegio.
Digo pelear porque no es fácil corregir o contradecir a mi hija, y por eso la hora de las tareas se ha convertido en un momento de tensión en nuestra relación, y en ocasiones de gritos y berrinches.

No puedo ni imaginarme lo que piensan los padres más ocupados que no tienen tantas horas para dedicarle a sus hijos. Si se toman en serio el cuento de que su compromiso con las tareas es clave para el éxito de sus hijos, tienen que odiarlas con aún más fuerza.

Pero trato de tener una mente abierta. Me digo que tal vez estoy haciendo todo mal y que puedo mejorar. Que para otras madres menos egoistas y controladoras y más pacientes, las tareas pueden ser un delicioso momento de complicidad creativa. Así que cuando veo un libro en la Panamericana llamado “Tareas sin peleas” caigo, como tantas mamás, presa de la industria floreciente que  mercadea con nuestras inseguridades, y lo compro.
Primer consejo: No lo compren 
Si le aplicamos criterios elementales de ciencias sociales el libro saldría muy mal librado.
Dice que los estudios científicos han comprobado que las tareas son buenas pero no cita los dichos  estudios, ni tiene un solo dato para sustentar sus tesis.
En cambio hay perlas como cuando habla de como la “ideología del hippismo” que se opuso a las tareas hizo bajar el nivel académico de una generación, de nuevo sin cifras y sin delimitar espacio-temporalmente la afirmación.
El efecto de leer los primeros capítulos fue contrario al deseado por sus autoras. En vez de sentir que el debate en pro o contra de las tareas era una cosa sin importancia, sentí mucha suspicacia de que se quisiera despachar la cuestión.  Tal vez por eso no pude tomarme en serio  los consejos prácticos para ayudar a los hijos con las tareas. Por ejemplo, el  de darle a los demasiado “preguntones” una barra de chocolatina e irles cobrando con una  pastilla cada nueva pregunta.
Cuál no sería mi alivio cuando el profesor principal de mi hija dijo en la reunión de clase que el no creía en las tareas. Explicó que consideraba que cuando llegaba a darse la necesidad de reforzar lo visto en clase para algún alumno en particular, era su responsabilidad, y que entraba en unos horarios de refuerzo previstos por la institución.
También explicó que en Francia (Se trata de un colegio franco-colombiano) existe una ley que prohibe las tareas desde 1956 (aunque no se cumple). Las tareas están prohibidas principalmente porque son un factor de inequidad. Hay niños que tienen que hacer largos trayectos, o que deben ocuparse de cuidar a los hermanos más pequeños, hay padres que no hablan el idioma que se pretende enseñar, o que tienen que trabajar hasta tarde, hay casas donde no existe un lugar adecuado para las tareas…En fin.
Ya liberada de buena parte del karma con las tareas de mi hija, me dio mucha curiosidad saber lo que podían decir otros pedagogos que cuestionan la práctica de las tareas.
Fui entonces a la Biblioteca Luis Angel Arango, que posee una sede en el norte de Bogotá, cerca a mi casa. Quería saber qué literatura un poco más seria encontraba. Porque lo primero que aprendí de este asunto es que hay que afiliarse a una biblioteca y dejar de caer en la trampa de estar comprando estos libros.
Capture d’écran (1)
El ya mentado título Tareas sin Peleas en efecto se encontraba en el catálogo, listo para ser pedido en préstamo. Pero sólo era uno de una extensa lista de distintos métodos, cada uno presentado como el único infalible, para solucionar el problema de las tareas.
El más reciente título publicado sobre el tema, sin embargo, era el estudio críticoEl mito de los deberes: Por qué son perjudiciales para el aprendizaje y la convivencia? de Alfie Khon.
Lo recomiendo mucho. Pero tengan cuidado. La argumentación es devastadora. Si ustedes, al igual que yo hasta antes de leerlo, aceptaban las tareas como un dolor de cabeza necesario y creían que los efectos positivos superaban los negativos, van a terminar convencidos de que las tareas son un invento del demonio que hay que luchar por erradicar con todas nuestras fuerzas.
Cita decenas de estudios y muestra lo poco concluyentes que son para establecer relación entre las tareas y los resultados académicos y reduce al absurdo los argumentos relacionados con otras virudes no académicas (como la autodisciplina e independencia) que las tareas ayudarían a cultivar. En cambio detalla cuan dañinas son las tareas para la vida de familia, para la salud mental y para motivar el amor al aprendizaje.
Me encantó enterarme de cómo según uno de los estudios citados cuando a un grupo de padres se les decía que los niños iban a ser calificados con base en la tarea que tenían que ayudarles a realizar, sus resultados resultaban mucho peores que los de un grupo de niños a los que no se les ponía esta presión extra.
El libro de Khon me liberó sobre todo de la culpa que sentía por odiar las tareas y no estarle transmitiendo a mi hija el deseo y satisfacción que imaginaba que otros hijos de mejores padres sentían por ellas. Ahora creo que lo que he estado haciendo mal es aceptar esta práctica y no hacer nada por manifestar un descontento que deben tener mucho otros padres con toda la razón.
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2 comentarios en “Malditas tareas escolares

  1. Gracias por la juiciosa revisión bibliográfica y por conservar una posición crítica.

    Me queda la duda de si el profesor está en contra de las tareas por qué de todas maneras las sigue poniendo?

    Y Que viva la Casa Gómez Campuzano, es un lugar delicioso para estudiar 🙂

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    1. El profesor es solo uno de varios y tampoco está completamente en contra de todas las tareas. Les da poesías para que se aprendan y los lleva una vez por semana a la biblioteca a que escojan un libro para leer en casa, por ejemplo. Pero no están obligados a hacerlo en casa pues hay mucho momentos de tiempo de estudio en autonomia en clase y son tareas que no necesitan de ayuda de los padres. Y sí, viva la Casa Gómez Campuzano.

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